lunes, 26 de diciembre de 2016

“Las Elegidas” un film honesto y justiciero

Por: Alfonso Quiñones


El largometraje de ficción mexicano Las Elegidas, del director David Pablos, llegó a la pantalla grande dominicana a través del pasado Festival Internacional de Cine de Fine Arts, donde el 12 de octubre se alzó con el premio más importante, el de Mejor película. Ahora cierra por todo lo alto la presencia del cine independiente del año 2016.
Además de un fértil recorrido por varios festivales del mundo, incluido el de República Dominicana, el largometraje acaba de ser nominado como Mejor Película Iberoamericana a los Premios Goya y ganó cinco premios Ariel en México, entre ellos el Premio a la Mejor Película.
“Partí de una historia concreta que está en un macrocosmos sórdido y terrible”, dijo Pablos, durante el Festival de Cannes del 2015, donde fue la única cinta latinoamericana en el certamen, aunque entró por la segunda puerta, la de Cierta Mirada.
Allí, en el evento de la Sala Debussy, es donde México ha tenido una sostenida presencia en los últimos años, que a la vez le ha servido de vitrina para mostrar cómo -sin mucha alharaca publicitaria- se ha ido renovando la estética del cine mexicano, uno de los de mayor trascendencia de habla hispana.
Las Elegidas abreva estéticamente en el mismo arroyo en el que beben películas como Después de Lucía (2012), de Michel Franco; 600 millas (2016) de Gabriel Ripstein; Club Sandwich (2013), de Fernando Eimbcke; Heli (2013), de Amat Escalante; y Desierto, de Jonás Cuarón (2016), entre otras. Todas hijas, de una manera u otra, de la nueva forma de ver que impusieron tres películas a principios de siglo, de tres directores que hoy están en su madurez autoral absoluta: Alejandro González Iñarritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro. Me refiero a los largometrajes Amores perros (2000), Y tu mamá también (2001) y El espinazo del diablo (2001).
Tres mosqueteros que a su vez le deben a toda una tradición cinematográfica iniciada en 1896, cuando los hermanos Lumiére enseñaron su invento a Porfirio Díaz en uno de los salones del Castillo de Chapultepec.
Honestidad creadora
Si Las Elegidas ha tenido el éxito que le precede, es porque se trata de un filme pletórico de honestidad, a partir de una realización, signada por el interés del director en no revictimizar a las víctimas, sino en, responsablemente, exponer una realidad que tiene que ver con la injusticia social.
“Cuando la investigación me llevó a estar frente a chicas que fueron víctimas de trata, quedé muy conmovido. Conocí a través de ellas el horror que vivieron y aposté por filmar de una manera respetuosa. Si hubiera tomado el camino fácil, nadie aguantaría más de 15 minutos en la sala de cine”, expresó su director en una entrevista.
La película mexicana, a grosso modo, narra una historia enmarcada en la violencia sexual, en las esclavas sexuales, y también en el amor. Ulises y Sofía son dos adolescentes enamorados cuya relación se tensa cuando el padre del chico lo forza a prostituir chicas jóvenes y justamente Sofía se convierte en su primera víctima, a la cual tratará por todos los medios de recuperar.
En la primera secuencia, en silencio, sin música de fondo, los dos adolescentes se besan, seguidamente se desnudan para hacer el amor. En el último plano del filme ambos permanecen en silencio, él ha bajado la vista, avergonzado; ella lo mira culpándolo y baja la mirada tratando de encontrar una razón para entender todo, porque en buena lid su caracter de esclava no ha cambiado. Entre una y otra secuencia, distan una hora y 45 minutos y han sucedido suficientes cosas como para cambiar la vida de una persona. Lo dice ese primer plano de un minuto y medio, con Sofía con el rostro bajo y la mirada caída, justo antes de que suban los créditos finales.
Nancy Talamantes y Óscar Torres, sin previa experiencia actoral, protagonizan el filme con actuaciones contenidas, sobrias, dolorosas, logrando transmitir una fotografía de 360 grados, en el debut de ambos ante la cámara.
El naturalismo de la fotografía de Carolina Costa es deudor del lenguaje del documental, incluido alguna que otra secuencia cámara en mano o esos largos primeros planos, sobre un colchón de silencios que aplasta por el dramatismo de la carga vital.
Hay una estética sombría, una lentitud oscura que sin embargo no aburre, y hay también un dolor contenido, especialmente en las escenas de sexo que se muestran solo a través del sonido, que hacen de Las Elegidas, una de las mejores vistas del año.

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