Fiscales examinados

Artículo de opinión

Ana Pastor

Durante más de ocho horas tuvo que estar sentado en aquella silla. En ese primer día tuvo que responder a cada una de las preguntas que le hacían los miembros del Senado. Es todo un ejercicio democrático de primer nivel observar cómo Jeff Sessions, el fiscal general de EEUU, tuvo que defenderse de todo tipo de cosas a pesar de que ya había sido propuesto por Donald Trump. Es habitual en EEUU que un cargo como el suyo sea sometido a un enorme escrutinio. Sessions tuvo que escuchar cómo el senador demócrata Patrick Leahy le preguntaba si «considera una agresión sexual agarrar a una mujer por sus genitales sin su consentimiento». El senador recogía la frase de Trump que todo el planeta pudo oír en la campaña electoral donde hacía gala de su trato lamentable hacia las mujeres. Otro delegado demócrata, Sheldon Whitehouse, le preguntó si consideraba un acto de tortura a un preso simular un ahogamiento. Trump había dicho en un mitin en Ohio que le gustaba ese terrible método, que no le parecía demasiado duro. El senador quería saber si compartía la tesis de su mentor.
En 1986 Sessions fue rechazado como candidato a juez federal por su supuesta proximidad al grupo racista Ku Klux Klan. Ese tema también salió a relucir en la sesión en la que se le examinaba. Todo tipo de preguntas para ver si el fiscal está a la altura. Después de escuchar sus respuestas se produce una votación. El Senado debe decidir si es apto. El nombramiento de Sessions salió adelante con 52 a favor y 47 en contra. (Dos candidatos de Obama se retiraron antes de la votación por varios escándalos). Además el FBI se emplea a fondo antes de la designación para comprobar que los candidatos no han cometido ningún tipo de delito o tienen asuntos turbios.

TRANSPARENCIA, PERO MENOS

Trámites habituales en EEUU y que allí hacen prácticamente imposible las cosas que estamos viendo estos días en España. Para empezar, la ley de Transparencia en nuestro país incluye entre los organismos que deben cumplirla a la Fiscalía General del Estado. Sin embargo, está en el penúltimo lugar del último 'ranking' que evalúa su funcionamiento. Entre otras razones porque no incluyen los sueldos en la página web como deberían, porque la parte de agenda está completamente vacía y porque no está la declaración de bienes y actividades y, por tanto, no podemos saber si tienen sociedades en paraísos como Panamá.
Esta exigencia de transparencia es una de las peticiones más recurrentes de las asociaciones de fiscales en España. Y también partidos políticos como Ciudadanos proponen que haya una votación en el Congreso en la que el fiscal general sea elegido por una mayoría reforzada de la Cámara. Las medidas existen. Veremos si tras todos estos escándalos se ponen en marcha.
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