Múltiples carencias y la extrema pobreza se apoderan de Villa Paraíso

Por: Adalberto De La Rosa

La Guayiga - En la apartada comunidad de Villa Paraiso, del distrito municipal La Guáyiga, se vive en el infierno por las múltiples carencias y la extrema pobreza en que viven más de 1,200 personas desde hace más de 13 años.
La entrada del sector es por el kilómetro 22 de la Autopista Duarte y aunque están cerca de la Capital, en servicios están lejos.
Lucía Lagual es una líder natural, de las tantas que hay en cada barrio o comunidad y se ha echado encima la lucha por la mejoría de Villa Paraiso, lugar llamado así por la exuberante vegetación y la paz que se respira, pero que contrasta con el ruido de la miseria que golpea la ida de la gente.
Ella es la dirigente de la Junta de Vecinos y del Club “Madres Desposeídas” y trata de llevar el motor de la lucha por la mejoría del empobrecido sector.
Al hablar con ella, deja salir su impotencia con palabras acusatorias a funcionarios y entidades que les han dado la espalda. Los principales males son conocidos porque otras comunidades también los padecen. En su encuentro con “José Boquete” habla de las calles, nunca asfaltadas, falta de escuela, de un hospital agua, de un centro recreativo o de reuniones, en fin, falta de todo aunque abunda el espíritu de lucha.
“Vivimos una vida desesperantes de tantas necesidades, hemos tocado distintas instituciones en comisiones para que venga resolver y nada de nada. Le hemos enviado invitaciones a Danilo Medina, queremos que vengan a buscarle solución a los problemas donde vivimos jóvenes adultos, adolescentes y muchos niños”.
Las calles
De las calles cuenta que solo sirven para transitar en burros, nunca han visto un tractor, están llenas de piedras y tocones y cuando llueve son pequeñas lagunas cubiertas de agua sucia. La principal no parece que conduzca a un lugar donde viva personas y las internas están peores.
Las Escuelas
Tampoco existe una escuela ni para los estudiantes de Villa paraíso ni para los barrios vecinos como “Monserrat” y “La Mano de Dios”, aunque el Gobierno construye un moderno plantel que está abandonado.
“Los niños tiene que estudiar en Palamara, lejos de aquí y la escuela que se construye fue un reclamó del Club Madres Desposeídas, no las terminan, está paralizada y pedimos que la hagan de tres niveles porque somos tres sectores”, dice.
En esa parte la interrumpe Román Eusebio Silverio, otro comunitario que agrega que cuando por cualquier lluvia se desbordan los riachuelos “Sicaco” y “Lebrón”, los estudiantes no pueden llegar a sus casas o salir.
“Los padres sufrimos las consecuencias de ese problema tampoco podemos salir a buscarlos porque no podemos cruzar, ellos se tiene que quedar donde familias, queremos que se construyan esos puentes, son obras de prioridad para esta comunidad”, sostiene.
La Salud
“Villa Paraiso”, “Monserrat” y “La Mano de Dios” están huérfanos en materia de salud, no existe un centro que les ayude con sus dolores y males corporales y para aliviar sus males recurren a tisadas y a la oración.
El hospital más cercano es el Vinicio Calventi y está a varios kilómetros del lugar, cuenta Lucía, que indignada ofrece cifras de las víctimas del abandono en que viven en materia de salud.
“El Calventi queda bastante lejos, de noche cuando se enferma la gente pasamos mucho trabajo, se nos han muerto cuatro a mitad del camino por lo lejos. Desde Bauta ( Bautista Rojas Gómez) exigimos un centro de salud y se lo hemos pedido también a Altagracia Guzmán y nada”.
Elsa Parra ya está ejerciendo el único poder que dice tener: el voto para las elecciones, y cuenta que ya no acepta políticos en su casa, no quiere más cuentos, cuando van a hablar de política le cierra la puerta de su casa.
“Para las elecciones si vienen, tiene uno que estar echándolo para allá , por mi casa no se me arrimen que me hablan mucha mentira, yo se lo digo claro ustedes nada más se recuerdan de uno como los puercos para Nochebuena”, enfatiza.
Indica que viven como si no fueran dominicanos, sin familia, desamparados, pero con la esperanza puesta en Dios. “Aquí en La Guáyiga estamos guayando el aro” cuenta.
“Uno no puede comprar unos un zapatico y ponérselo porque cómo se lo pone, para dañarlos? Uno tiene obligado que anda con los jarrete cuartiao porque no tiene uno como poner un zapato que sirva , yo quiero que se acuerden que aquí hay gente , que hay muchos niños y viejos que necesitamos”.
Centro comunal
Uno de los sueños de la comunidad es un centro comunal. Ellos dejaron el terreno para es un lago porque se necesita hacer un relleno y no tienen dinero. Ese sería el lugar donde la comunidad se reuniría.
Mientras tanto los comunitarios se reúnen debajo de cualquier árbol o en la angosta salita de la casucha de Lucía Lagual, donde las paredes de la casa están adornadas de letreros de la junta de vecinos y de fotografías de los encuentros que hacen y que son el alimento que anima al cuerpo social de Villa Paraíso en su lucha por mejor vida.
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