Francis Caamaño: 1ra. Base

Ellis Pérez
Opinión

Era el inicio del año 1966, acabábamos de dejar atrás el proceso activo de la Revolución. Conocí a Francia y quedé asfixiao! Decidí casarme.  Desde hacía algún tiempo había pensado que antes de casarme yo debía hacer un viaje por  Europa y conocer los principales países del viejo continente ya que según pensé, después que me casara me resultaría más dificultoso.
Sin hacer ningún arreglo previo me fui a Nueva York para cruzar el Atlántico por esa vía. Fui al Consulado de España, pensando que la más natural vía de entrada debía ser Madrid. Allí se me informó, que como dominicano, necesitaba una visa, y que ese trámite tomaría unas seis semanas. Yo estaba dispuesto a salir en los próximos dos o tres días por lo que averigüé inmediatamente que para llegar a Londres, Inglaterra, no necesitaba visado, tampoco lo necesitaría, en esa época, para llegar a Suecia, Alemania, Italia y Francia.
Al llegar a  Londres, sabiendo que mi viejo amigo Víctor Cabral estaba allí en funciones de Cónsul General y Ministro Consejero, desde el aeropuerto  llamé a la Embajada dominicana, le dije: Víctor, Ellis Pérez, estoy aquí en el aeropuerto de  Heathrow, y quiero que me  recomiendes un hotel para que quedarme tres o cuatro días, que no sea ni el más barato ni el más caro de Londres,  a lo que Víctor me contestó: Ellis no hay necesidad de hotel, Pun mi hermano,  está aquí sólo en un apartamento y sé que le gustará acomodarte, dame el número del teléfono público del cual me estás llamando y quédate ahí, que te llamo en un par de minutos. Efectivamente, en poco tiempo el teléfono sonó y Víctor me dijo: apunta esta dirección para que se la des al taxista, 19 Amsdel Terrace, ya Pun te está esperando.
En vez de tres o cuatro días me quedé la semana entera, Londres me cautivó. Llegado el viernes, Víctor me dijo: Ellis, como dominicano, me imagino que tu juegas béisbol, ¿verdad que sí? Le dijo, claro, ¿por qué? Porque mañana sábado la Embajada dominicana sostendrá un encuentro con la Embajada norteamericana en el Hyde Park. Le dije: yo puedo jugar la segunda base.
Grande sería mi sorpresa cuando vi en el terreno al coronel Francis Caamaño, quien era el Agregado Militar, a quien no había visto todavía durante mis días en Londres y que estaba asignado para jugar la primera base, yo jugaría la segunda.  Yo, que había cubierto el proceso de la Revolución, como corresponsal extranjero de ABC News de Estados Unidos, no pude menos que pensar en las ironías que algunas veces presenta la vida: ahí estaba jugando la primera base el hombre que se había enfrentado a tiro limpio con la poderosa estructura militar norteamericana que había desembarcado en Santo Domingo,  y en un tiempo relativamente corto el béisbol los reunía para departir en un ambiente enteramente relajado y cordial en este encuentro amistoso. De Londres yo seguí a visitar los países ya mencionados, y poco tiempo después de regresar a Santo Domingo, me enteré que Francis Caamaño se había desaparecido de Londres.  Me pregunté, qué base estaría jugando y en dónde.  Su destino resultó un sitio donde se juega mucho béisbol: Cuba. Cuatro meses más tarde, Francia y yo nos casamos y desde entonces no me ha soltado más.
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