“Dos realidades divergentes”

Isabella Guglielmetti
Opinión

Hoy comprobé lo afortunada que soy por recibir una educación de calidad, complementada con una buena crianza desde el hogar. Hoy asistí en primer plano lo que se vive detrás de las paredes de un liceo en mi país, República Dominicana. Me dirigí hacia los alumnos para hacerles preguntas relacionadas a nuestra historia. Solamente un 10% fue capaz de acertar.
Muchos arrojaban lo primero que les llegaba a la cabeza, otros solo sonreían en forma de burla o exclamaban alguna grosería y, finalmente, la minoría conocía algo de nuestra historia.
La amenaza y vulnerabilidad allí presentes no eran de baja escala. Jóvenes criminales, violadores, delincuentes son muchos de los estudiantes de las instituciones públicas. Portadores de armas, pantalones por debajo de la cintura, conocimientos escasos… Cruda realidad. Esta situación pone en peligro la integridad y el bienestar físico de los sanos, y distorsiona la figura y el propósito que las acciones gubernamentales desean promover en beneficio de su pueblo.
Nosotros los dominicanos, dependientes de un gobierno democrático y soberano como lo es el nuestro, protestamos en contra de la debilidad aún presente en nuestro sistema educativo. Pero hagamos un alto.
Seamos un poco más críticos. Seamos más conscientes y realistas. ¿Quiénes son realmente los culpables de esto…? ¿El cuerpo docente? ¿Los estudiantes? ¿Las familias? ¿O el Gobierno? Este problema no recae específica y únicamente sobre un único causante.
Aquí estamos hablando de décadas de acumulación de ignorancia y desinterés de los ciudadanos y del Gobierno dominicano. Como ciudadana sensible a la que le conciernen las debilidades de su nación, me veo en la necesidad de dirigirme hacia mis compatriotas en búsqueda de una respuesta convincente y efectiva. El órgano máximo del país se debe fortalecer si mejorar el sistema educativo se quiere obtener. Las familias deben ser persistentes en la crianza de sus hijos si buenos valores exigimos.
El joven debe ser obediente y sumiso si el bien de su nación algún día quiso. Ya basta de etiquetar al “culpable”. ¿De qué nos serviría una mayor inversión en la educación si no se cuenta con la base correcta desde la familia? Todo se echaría a los aires… tú y yo podemos. Ahora. Ya que como dijo madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”.
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