No hay tal mayoría opositora

Daniel Asuaje 
Opinión

Nuestro país es un campo inmenso de paradojas: tenemos ingentes fuentes de hidrocarburos, pero no suficiente gas servido o gasolina; un inmenso potencial de generación de energía eléctrica y un suministro precario; de estar entre los países con mejores condiciones de vida pasamos al grupo de las peores. Teníamos unos de los capitales humanos mejores del continente y el gobierno lo transfirió a otros países. De la rica historia patria la narrativa oficial solo dejó tres hitos: el descubrimiento, la independencia y el chavismo. Lo demás no existe oficialmente. 

Maduro encabeza el gobierno más abiertamente rechazado en nuestra historia pero gana elecciones. A juzgar por la reciente encuesta de la UCAB la mayoría de ciudadanos valora al voto como el instrumento del cambio pero hemos tenido este año la abstención más estruendosa que podamos imaginar. Contamos con el modo de convertir una mayoría contraria al gobierno en una realidad que se abstiene de existir porque en política lo que no se manifiesta en la calle o en las urnas no tiene poder. La mayoría adversa al gobierno solo figura estadísticamente en los sondeos de opinión y los partidos en las reseñas de prensa. En muchos sentidos Venezuela es un país inexistente. 

No es fácil construir a partir de esta mayoría una masa crítica políticamente, entre otras cosas porque es muy fácil en nuestro país destruir una reputación. Hoy las adhesiones por liderazgo lucen muy dispersas y exiguas pues ninguna figura opositora nacional supera el veinte por ciento de las preferencias. Se trata de enanos electorales y son figuras hoy muy desacreditadas en su propio patio. Actualmente quienes tienen más chance de crecer en el favor popular son quienes más se diferencien de ellos. MCM, Lacava, Leocenis y Bertucci lo han comprendido muy bien. Pero aparte de este desmarcaje ninguno de ellos tiene una narrativa “que enganche” con el grueso del electorado, ni siquiera con la mayoría de los venezolanos anti políticos. Mientras Lacava ensaya un resonante show populista, riesgoso por su doble filo, MCM enfatiza la rabia contra Maduro y los colaboracionistas, pero la denuncia si bien funciona para destruir liderazgos no parece servir para llevarlos al cenit de las mayorías: P. Padrón, Tablante, Arria y Ramos A. dan fe de ello. Leocenis insiste en su prédica del libre mercado chocando contra nuestra alma populista, mientras Bertucci procura construir un apostolado y fervor político religioso que no sabemos si prosperará tanto como él quiere. 

La fórmula anti política no basta para dejar atrás a los competidores. Combinarla con un hecho dramático, con una épica, fue la receta de Chávez para ganarse la pasión de las masas, pero el gobierno ha dejado muy en claro con la eliminación de Oscar Pérez que el único héroe aquí es Hugo. Cualquier otro que intente construir una épica tipo Campaña Admirable será borrado de la faz de la tierra. 

Otra posibilidad para construir una épica es la cárcel, el reconocimiento de la heroicidad que significa estar privado de libertad y ser sometido a los vejámenes propios de los cuerpos policiales de este país. Así Mandela construyó en Suráfrica un liderazgo incuestionable. En Venezuela L. López lo intentó y ciertamente le funcionó inicialmente hasta que el gobierno comprendió que era preferible tenerlo confinado en su casa que tras las rejas, después de lo cual la proyección de su liderazgo se ha visto mermada, al igual que la de L. Tintori. Otro caso es Lorent Saleh. Después de ser un preso emblemático hoy desde el exterior ya no tiene la figuración que hasta hace poco tenía, pero Betancourt y Lenin son muestras de construcción y mantenimiento desde el exilio de un liderazgo poderoso. No basta el martirio de la cárcel, vide los casos de Simonovis y Baduel. Además de la divulgación de los vejámenes, es preciso proyectar una imagen heroica y tener una caja de resonancia como Tintori o la madre de Saleh, además de una organización política de apoyo, pero ningún preso en cárcel actualmente la tiene. Es lo que les ha faltado a B. Pertiñez y a los familiares de Baduel pero López y el sindicalista C. Ortega teniéndolas no conectaron continuadamente con el país. La épica es una ventana de oportunidad para llenar el vacío de liderazgo, es una maniobra difícil pero exitosa que resulta una apuesta muy riesgosa en Venezuela. Requesens tiene ahora el chance ¿Podrá? 

Diariamente hay numerosas protestas aisladas sin un líder concentrador de esa energía social para verbalizarla, potenciarla y golpear al régimen con su eco y ello pasa porque ningún dirigente nacional actual tiene una narrativa conectada emocionalmente con las mayorías. El rechazo a la nomenklatura existe, el régimen vive a pesar de la incierta gobernabilidad país, la calle se manifiesta diariamente sin ser tanta noticia, la mayoría quiere cambio pero paradójicamente no hay una dirigencia que sepa interpretar el momento y hable el lenguaje que despierte y mueva al país. Ergo, no existe oposición. 
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