Pacto Mundial por la Migración, ¿y Chile?

Soledad Alvear
Opinión

Tener posición global significa que debemos enfrentar un multilateralismo responsable. La ausencia de Chile en la suscripción del Pacto Mundial de Migración se aparta de una tradición marcada por el diálogo y la cooperación internacional, amén de un procedimiento algo improvisado, digámoslo con autocrítica, para fijar posición en esta cuestión, ya que nos enteramos por vocería de subsecretario de Interior, en un tema que supera lo sectorial.

Cuando se escuchan algunas voces simplistas que reclaman un incentivo migratorio al concurrir con su suscripción, o una violación a la soberanía de nuestros países, sólo puedo recordar debates de ayer como el del establecimiento de la Corte Penal Internacional o el del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que debían ser “apocalípticos” para nuestra jurisdicción.
Hoy no solo vivimos en una era postwesfaliana en donde la soberanía se ejerce con equilibrios globales sino que los países deben concurrir al diálogo multilateral o no rehuir de él.

Es más, estoy cierta de que siendo totalmente legítimo para el Ejecutivo fijar una posición específica en este tema, lo que se echa en falta es cierto rigor en la discusión en torno al mismo, como suelen abordarse las grandes cuestiones de nuestra política exterior. Yo al menos habría sugerido no restarnos de Marrakech. También me habría gustado saber dónde y en qué están ciertos bloques afines en este tema, como es el caso de los países de la Alianza del Pacífico y voces maduras frente a la cuestión migrante como es el caso de Canadá.

Mención aparte merece el precedente alemán en el cual Angela Merkel, aun a costa de la diferencia en su propia coalición y un pasado marcado por la cuestión migratoria, decide apoyar sumándose al Pacto, honrando su actuación previa en el proceso negociador y en la responsabilidad internacional de Alemania. ¡Qué ejemplo de liderazgo y consistencia!

En fin, hubiera sido deseable razonar las diferencias en el mismo Acuerdo y su debate, y no a espaldas del mismo y conocer la decisión de Chile por la Cancillería.

Esta desprolijidad de procedimiento empeña además la autoridad presidencial, la que se suma a vocerías previas como indicador de que cuando los ministerios encargados no satisfacen su tarea es el propio Presidente quien entrega el guion final. Todo en un día en que se cumplen 70 años de la Declaración de la ONU sobre los Derechos Humanos y que debiera estar marcada por asertos y no explicaciones.
Esperemos que esta decisión no sea vista como un retroceso en nuestra vocación de integración y que podamos en el futuro razonar regionalmente por una migración segura, ordenada y regular. Para ello los excancilleres y todos los sectores de Estado debemos estar disponibles a entregar nuestra opinión y a colaborar con el Presidente de la República.
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