Una reforma laboral siempre pendiente

Inés Aizpún
Opinión

La reforma laboral es una de esas tareas pendientes que tarde o temprano las organizaciones empresariales y los sindicatos (si es que son interlocutores válidos todavía) junto al Gobierno, tendrán que resolver.

No se trata solo de los sueldos (parte fundamental). La sociedad y la vida diaria han cambiado tanto que es inútil tratar de ver con la mirada de antes los temas que despiertan más discusiones entre los negociadores. Ni los empresarios van a poder forzar mucho ni los sindicalistas pueden imponer una visión intransigente o politizada.

El mundo laboral ha cambiado tanto como todo lo demás en la sociedad líquida de la que se habla tanto. Los horarios, las profesiones, los beneficios, el lenguaje (y por tanto el fondo) en el sector de los recursos humanos, la cultura empresarial, el papel ( y el peso) del empresario en la sociedad, la formación de los trabajadores, el poder adquisitivo de los sueldos, la realidad del pluriempleo, la confianza en el sistema de pensiones, las argucias de los seguros médicos, la competitividad regional, la productividad individual, las expectativas y la fidelidad de los empleados, los días festivos, la semana de cinco días o de seis. ¿O de cuatro, como quisiera Slim? La oportunidad negada del primer empleo, las expectativas de promoción y sueldo de los que regresan con su maestría europea, la tecnología que lo invade todo, el sector del comercio ante internet.

Todo lo que era seguro y estable hace diez años es ahora una incógnita. Por eso, sentarse a la mesa a discutir sobre la cesantía o el sueldo mínimo (en sus infinitas versiones) sin levantar la vista y mirar hacia dónde nos dirigimos no es más que un ejercicio inútil de cara a la galería.
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