Josefina Cepeda

Josefina Cepeda
Heddel Cordero
Opinión

Santo Domingo – Las aulas fueron su pasión, su vida, su modus vivendi, su profesión. Dedicó su vida a enseñar y todos los que estuvimos bajo su tutela educativa en Pimentel, guardamos de ella recuerdos maravillosos que la colocan en un lugar especial en nuestros afectos.

Ella fue una mujer consagrada. Una distinguida profesora de nuestro pueblo que enseñó con amor a varias generaciones en Pimentel. Hablo de Josefina Cepeda, la madre de Ricardo, Berto, Eli, Lissette y More, a quien todos le decíamos doña.

Murió a los 92 años y su legado vivirá por siempre en las aulas de una comunidad que le respetó y le admiró y una sociedad que le distinguió.

La necesidad de encaminar a los hijos y ayudarlos a salir a camino,  la empujó a migrar a Santo Domingo, para desde aquí, continuar ejerciendo brillantemente en colegios privados y agrupar bajo un mismo techo a una prole que levantó sola, con dignidad, con trabajo y  la gracia de Dios.

Además de conocimientos, doña Josefina Cepeda nos educó. Nos enseñaba cosas que no estaban en los manuales de la escuela, sino en los principios del hogar. Dentro y fuera de las aulas ejercía esa autoridad y esa cariñosa manera de predicarnos, guiarnos y orientarnos.

Muchos de los que hoy lloramos su partida y de los que en la distancia la venerarán por siempre, sabemos que en la historia del magisterio de nuestro pueblo ella ocupará un espacio de lujo, un sitial especial que hará eterno su nombre, su enseñanza y su ejemplo.

Esa carrera y esa fama constituyen hoy el mejor legado para los suyos y la mejor razón para que sus alumnos no la olvidemos.

Redacción

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